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Sábado, 23 de junio de 2007
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VÉLEZ-MÁLAGA
Vélez-málaga: Entre museo vivo y refugio artístico
Eugenio de la Torre convierte su vivienda de La Manganeta, en Almayate, en una casa taller abierta a los amantes del arte
Vélez-málaga: Entre museo vivo  y refugio artístico
ESCULTURAS. Eugenio de la Torre muestra las obras de su casa taller.
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NACIÓ en Moral de Calatrava, Ciudad Real, en 1955, pero asegura que se siente y es de donde está, «que es donde me encuentro bien». Hace más de tres décadas Eugenio de la Torre fijo su patria junto al mar, un mar que representa para su obra una fuente inagotable de recursos y materiales, y que marca su estilo y su propia forma de vida personal.

La obra de De la Torre se caracteriza por su compromiso constante con la tierra en la que vive, de la que aprende cada día y a la que se entrega como persona que que aspira a ser «cada vez más y más humano». Con esta filosofía de supervivencia, la obra de Eugenio no es una obra cualquier. Y no lo es porque únicamente utiliza en sus creaciones objetos, materiales y elementos reciclables. «Los que la naturaleza puede recuperar los dejo para que la naturaleza los recupere, y sólo cojo de ella lo que realmente me hace falta», asegura.

Aprendiz permanente

Después de cuatro años de intenso trabajo, este «aprendiz permanente», como se autodefine, ha terminado por convertir su vivienda familiar de La Manganeta, en Almayate, en una casa taller visitable en la que a modo de exposición permanente muestra sus esculturas, murales, pinturas y grabados.

«La Manganeta no es un museo», afirma, aunque por su orden y disposición todo el que la visita sale con la impresión de que bien podría compararse con un museo vivo. Para Eugenio en cambio es más el refugio al que no puede faltar cada día y en el que trabaja y da riendas sueltas a su capacidad creativa. «Es mi mundo», sentencia.

A un tiro de piedra de la playa, pasea con frecuencia por la orilla en busca de objetos que después termina convirtiendo en arte.

Raíces con formas caprichosas que devuelve el mar a la tierra de la que proceden y que transforma en barcos con las velas desplegadas al aire, el hermoso torso de una mujer, un instrumento musical y la cabeza de un animal. Y es que para este artista cada autor tiene infinidad de espíritus y caminos perdidos que debe buscar. A De la Torre le atrae y le apasionan las embarcaciones con las velas infladas por el viento, por la sensación de libertad que le producen.

Materiales

Maderas, hierros, piedras, cuerdas y pigmentos naturales son sus materiales preferidos. Eugenio encuentra utilidad lo mismo a un palo de fregona desechado que a un remo abandonado en la playa. «Considero que el reciclaje es algo personal que no debe politizarse, algo sagrado si queremos cuidar nuestro planeta». El artista se revela contra las injusticias de este mundo, los abusos y las guerras, trasladando a sus creaciones su rechazo por estas cuestiones.

Eugenio es un torbellino constante de ideas. Su tremenda inquietud personal le lleva a dedicarle todo el tiempo que puede a su actividad artística. «Sin el apoyo de mi familia no habría sido posible», asegura.

Rotondas

Después de más de 30 años de trabajo artístico, que ha compatibilizado a lo largo de su vida como profesional del diseño y la decoración, y como monitor de talleres dirigidos a adolescentes y estudiantes en situación de fracaso escolar, Eugenio de la Torre cuenta con esculturas en varias rotondas en Benalmádena y murales en centros comerciales y fachadas de edificios en Madrid.

Su objetivo más inmediato es exponer en la Casa de Apero de Frigiliana, del 2 al 8 de julio, y seguir con el proyecto de casa-taller visitable que ha iniciado en La Manganeta, pero sin que pierda su condición de refugio de trabajo e inspiración.

 
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